Why Eric did not puff the flute again?
|
|
| Era el principio del año 61. En una grabación para la Atlantic Records,
se reunieron seis músicos en torno a la figura de John Coltrane, exponente máximo
del free jazz, estilo éste adoptado por los músicos de color en reacción
a la popularización del jazz por parte de los grupos de blancos, la dulzura
de las tonadas, la meláncolía y retorno a un pasado musical de lo más
dudoso para la comunidad negra. Estos músicos, perfectos conocedores de las formas musicales contemporáneas de Europea eran: Eric Dolphy, que, trágicamente, moriria poco después (64), Freddy Hubbard a la trompeta, McCoy Tyner al piano, Reggie Workman y, Art Davis al bajo, Elvin Jones a las percusiones, y como no, Coltrane al saxo soprano. Esta grabación giraba en torno a variaciones sobre música tradicional, adaptada muy libremente por el conjunto de estos músicos. Casualmente en esta ocasión la pieza se llamaba “Olé” y giraba en torno a una conocida tonadilla andaluza, fruto del interés que el flamenco como estilo musical había despertado en estos músicos, sin duda por el paralelismo existente entre el flamenco y el blues. La conjunción de músicos y época auguraba una excelente grabación. Y así lo fué. La pieza Olé, cuya duración es de dieciocho minutos y cinco segundos, es una obra maestra. Sin embargo hay algo terriblemente enigmático en el discurrir de esta pieza. El desarrolo de la misma sigue como se relata a continuación: Olé comienza con una excelente introducción de Coltrane (como no podía ser menos, de hecho la pieza fue escrita por él mismo). Acto seguido a esta introducción evocadora del leitmotiv que acompaña todo el desarrollo de la pieza, comienzan los compases de la flauta de Dolphy, instrumento inusual en las formaciones jazzisticas de esos años. Después de dicha introducción, la flauta de Dolphy empieza a volar, como en Inner Fly#1 y #2, obra suya posterior, transformando la pieza que apuntaba maravillosa en una obra de genialidad y grandeza. Con su intervención de escasamente 2 minutos, (concretamente 2 minutos y 14 segundos sobre el total de la pieza, es decir, el 1,1% del total), había creado una obra de arte. Dolphy en su corta intervención renunció a invocar al leitmotiv dominante de la misma. Tocó "otra cosa" con leves referencias a flamenco, nada que ver. Conscientes el resto de músicos de este hecho, se entabla una rivalidad interna a la pieza que no hace sino mejorarla de forma desigual. La trompeta de Hubbard que precede a la intervención de Dolphy salva la papeleta como puede, sin embargo el piano brilla a gran altura. Incompresiblemente Coltrane no reaparece en ninguno momento. Dolphy le había robado su pieza y la había transformado en una obra de arte propia. Finalizada la intervención de Tyner al piano, los bajos, esta vez con arco anuncian desde lo lejos su incoporación al primer plano musical. Vuelve a intuirse un pequeño silbido de flauta, sin duda toda la formación esperaba su vuelta al protagonismo. No lo hace, hay un silencio que dura una eternidad, mantenido a duras penas por la sección rítmica y por el piano de Tyner que, consciente de ello, recurren innecesariamente al leitmotiv una y otra vez. Había una imposibilidad de continuar la ejecución de la misma debido a lo estratosférico de la intervención de Dolphy. Los bajistas repiten secciones anteriores sin saber que hacer.Todo el mundo espera algo que no aparece. Algo falta Dolphy no vuelve a introducir aire en la canilla. Sabía que su momento llegó y concluyó. O quizá se dió cuenta de la imposibilidad de discurrir por un camino que creado por él ya no le pertenecía. Consciente de esta situción, Coltrane reaparece con una de las interpretaciones más rabiosas y geniales a la vez del saxo soprano. Coltrane sacó todo lo que había dentro de él. La intervención de Coltrane, de grandísima factura, nació carente de sutileza. Sabedor de ello, trató de suplirla con genio. Sin embargo la suerte estuvo echada desde el minuto uno de la grabación. Dolphy decidió no tentarla otra vez. |