Sin embargo me gusta.

Quiero suponer que la organización en estrella ha sido superada por completo. Ésta se definía por la absoluta necesidad de un lugar o centro jerarquizador de toda nuestra actividad, comportamiento o pensamiento, (Divinidad, Estado, Ser, Museo,marco, pedestal, servidor central...) Dejádme, pues, pensar que esta modelo organizador de las sociedades a lo largo de la historia se ha venido abajo casi por completo.

¿No resulta una idea un poco naif?.Todo lo contrario. La formulación de ésta hipótesis, la insistente búsqueda por parte del hombre, la pérdida del centro, se nos revela como una de los planteamientos políticos más aterradores de finales de éste siglo. La capacidad que poseé un sistema para prescindir de todos sus componentes de forma no simultánea y que el sistema perdure, se sostenga, reviva, se regenere a si mismo. Un comportamiento casi reptiloide. Ningún componente del sistema es imprescindible.

Expliquemos esto un poco más detalladamente. Es en los años 60´ cuando se crea lo que hoy podemos considerar como la pre-historia de Internet. El Pentágono configura ARPANET, un sistema decentralizador del flujo informativo entre los organos militares de los Estados Unidos. En un intento por evitar la pérdida de los núcleos decisivos en caso de un ataque nuclear, se decide expandir la información por un sistema multiconectado en el que la pérdida de uno de los ramales no supone la interrupción del flujo. Los datos empiezan a circular de manera indefinida en lugar de ser archivados, almacenados, memorizados en un núcleo central. Podemos afirmar que el concepto de núcleo se disuelve como manera de combatir a un hipotético ataque nuclear. Curiosa paradoja, des-nucleorización contra lo nuclear.

Obviamente esto no es un precedente único aparecido de la nada. En el arte se anunciaba, si bien de manera no tan perfectamente funcional, una aparente disolución del centro. Son con los desplazamientos del significado que inaugura el Ready-Made, con las formas experimentales de la literatura, y con una constante utilización de la fuga general (o espantada) de las formas musicales hacia terrenos colaterales con los que podemos intuir cierta anticipación hacia este sistema descentralizador que, como hipótesis, o tal vez como realidad, hemos adoptado.


Sin embargo me gusta.


Pero volvamos al punto dónde antes lo habíamos dejado.